domingo, 12 de abril de 2009

¿Por qué imitan palabras los loros?

Algunos loros son capaces de aprender oraciones o poemas enteros. Pero cuando un loro habla, ¿sabe realmente lo que está diciendo? ¿Se trata acaso de un simple acto de mímica sin el menor sentido o son, por el contrario, animales más inteligentes inteligentes de lo que imaginamos?

Según la investigadora Irene Pepperberg, los loros pueden ser capaces de mucho más que simplemente imitar. A diferencia de muchos animales, los loros y otras aves afines tales como cotorras y papagayos poseen cuerdas vocales que les permiten imitar fácilmente el lenguaje humano; asimismo, en opinión de Pepperberg, aprenden a comunicarse con los demás miembros de su bandada imitando a las aves adultas, lo que contribuye a explicar el comportamiento de los loros mascota.
Sin embargo, hablar es diferente de comprender. Pepperberg ha realizado un experimento en la Univeersidad Northewestern con la finalidad de averiguar cuál era el verdadero método de aprendizaje de los loros, para lo cual compró a Alex, un loro gris africano (la raza mejor habladora) en una tienda de animales de compañía. El aspecto de Alex sugería un animal amistoso y bastante ordinario, aunque pronto demostraría que se trataba de un ave inteligente.
Alex se posa en el trapecio y la investigadora le muestra una llave sobre una bandeja: "¡Llave! - dice el ave, y Pepperberg se la da; a diferencia de un loro corriente, al que se recompensa con una galleta cuando dice cualquier palabra, Alex recibe solamente lo que nombra.
Al principio - comenta Pepperberg - nadie creía que un loro fuese capaz de nombrar objetos, sin embargo, ahora Alex está capacitado para identificar más de cien, desde papel hasta maíz o tapones de corcho.
Tras haber aprendido los nombres individuales de las cosas, el siguiente paso en el experimento consistió en combinar dos ideas; es decir, no sólo "llave" sino "llave azul". Alex aprendió rápidamente los nombres de los colores: cuando se le muestra una llave roja y otra verde y se le formula la cuestión "¿Qué es igual o diferente?" el ave grita "¡Color!". El loro es asimismo capaz de respnder "forma" o "material" cuando se le pregunta en qué se diferencian dos objetos determinados.
Tras varios años de aprendizaje, Alex se ha aburrido un poco: identificará una llave, la cogerá con el pico y la dejará caer al suelo. Después de una sesión nombrando las mismas cosas, en ocasiones pide algo diferente; por ejemplo, tras numerosas llaves, puede decir "¡Quiero tapones de corcho!". El curioso animal es capaz también de pedir "¡Dime qué es esto!" cuando se le muestra una bandeja con nuevos objetos, y al preguntarle acerca de ellos Alex suele superarse a sí mismo en un intento, según cree Pepperberg, de poder cogerlos cuanto antes. En realidad, para que Alex continúe nombrando más objetos, la investigadora y sus colaboradores se ven obligados a realizar continuas compras en jugueterías para disponer de un amplio surtido de pequeñas figuras y animales; aún así, Alex tiene días difíciles, y a veces grita "¡No!" como si se tratara de un niño frustrado de dos años. Además, cuando realmente pretende demostrar quién es el jefe, dice "Me marcho", alejándose del pobre estudiante que intenta hacer pruebas con él.
Existen opiniones que afirman que el experimento de Irene Pepperberg no demuestra que un loro sea capaz de utilizar el lenguaje, después de todo, Alex no cuenta espontáneamente lo que ha visto a menos que medie una recompensa; sin embargo, la investigadora responde que si bien es cierto que el animal no emplea el lenguaje en general, hace uso de términos para expresar ideas, lo que debe significar la existencia de un pensamiento considerablemente complejo activado en el cerebro del loro.
Durante el experimento ha tenido lugar, además, una anécdota interesante: Alex conocía las palabras "plátano", "cereza" y "uva"; un día vio una manzana y dijo "¡Quiero una ceruva!". Combinando los términos "cereza" y "uva", su cerebro fue capaz de acuñar una nueva palabra para designar aquella desconocida fruta roja.